A las cinco en punto
Sagradamente salía a comprar el pan a las cinco en punto, era su paseo del día, su entretención, una de las únicas tareas de su vida, después de los sesenta y cinco quedó sola, no tenía nada que hacer. Todo terminó el día en que apareció la primera corona de flores, en manos del señor de la panadería, a las cinco en punto, en la puerta de la casa de doña Rosita.
Xelo M.
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